quarta-feira, 26 de novembro de 2014

O DECLÍNIO DO REGIME OU A JUSTIÇA RENOVADA















TROCA DE CORRESPONDÊNCIA ELECTRÓNICA RELATIVA AO TEMA EM EPÍGRAFE

Ontem enviei a um amigo ex/actual!!! apaniguado/admirador de José Sócrates o seguinte e.mail:

Caro amigo
Ainda me lembro quando me dizias que o José Sócrates, mesmo quando incomodado pelos opositores e dectratores sobre os escândalos em que estava metido, era invencível, devido ao seu caracter e à sua força argumentativa e magnetizadora, perante os seus correligionários e pelos cidadãos em geral (ou se ama ou se odeia), não deixando ninguém indiferente.

A propósito lê o texto alusivo de José Manuel Fernandes, ontem publicado

Abraço
JS

Entretanto o amigo em questão respondeu-me no seguinte teor:

"Grande João

Disse-te sim que enquanto tribuno Sócrates era imbatível (mas penso o mesmo de Louça e já o escrevi). Quanto à força magnetizadora e apesar do termo ser teu eu subscrevo-o pois, como com toda a certeza notaste, ontem mesmo, o António Costa a elogiar as medidas socratistas.  
Apesar de não ser avisado a escrever História quando os acontecimentos ainda estão “no ar", acho que o mito Sócrates ficará para a História como uma espécie de Marquês de Pombal que matou os Távoras e acabou desterrado. Ainda assim teve (e tem) uma legião de admiradores e uma estátua “em cima” da Liberdade.
Repara neste pormaior: se tanta gente quer acabar com o mito Sócrates então é porque não só há mito como é grande.

Questões sociológicas à parte o que eu acho é que a justiça está a ser acusada de dar espetáculo quando na realidade isso não é verdade, pois o espetáculo decorre da curiosidade quase doentia (de todos nós), de ver cada pormenor da desgraça alheia. Não nos podemos esquecer que na execução dos Távoras, que ocorreu  num domingo, as famílias levaram as crianças para ver o espetáculo constituído por pessoas enforcadas, outras a arder, e outras laminadas.

A única coisa que podemos exigir à justiça é que julgue, de forma justa, não só o Zé Sócrates como os Zé Ninguém". 

Abraço.
FF

Respondi ao amigo da seguinte forma:

Caro FF
Não poderia estar mais de acordo com o que escreveste, sobretudo com a analogia establecida com o estadista Sebastião de Carvalho e Melo.
A mesquinhez, a pequenez e a inveja, "qualidades" tão portuguesas, que quando heivadas de má fé, são muitas vezes usadas para destronar, para não dizer destruir, todos aqueles que ousam fazer obra inovando, tal qual aconteceu a Sócrates e a muitos outros.
Acontece que José Sócrates em matéria de carácter, designadamente, petulância, arrogância e, porque não algum chico-espertismo" (independentemente de ter feito ou não as malfeitorias que lhe pretendem imputar), pôs-se a jeito para gáudio e ferocidade dos que gostam de pão e circo, principalmente quando lhes surge uma personalidade tão arrogantemente forte, controversa e deliciosa para queimar/devorar na praça pública.
Era tão interessante que neste momento a Justiça encontrasse meios (ou vestígios!!!) de prova, para proceder à prisão preventiva de Paulo Portas em relação aos submarinos e não só, ao Dias Loureiro e demais implicados no caso BPN, e a tantos outros, para que, além de saciar a voracidade voyeurista dos portugueses para com personalidades fortes e carismáticas que se põem mediáticamente a jeito, também servisse para arrasar de vez o regime encapotado de "Estado de Direito", que ainda vou escrevendo com letras maiúsculas ..... por enquanto.
Abraço
JS     




 

terça-feira, 25 de novembro de 2014

El fin de la España cañí






 





















Todo empezó a irse al traste con el cambio de milenio. Aunque muchos elegidos, borrachos de vino fino, rosetones en el pelo y euros recién acuñados, aún no lo supieran, tenían los días contados. Corría el año 2003, acabado de estrenar el siglo XXI, cuando dos ya entonces casi cincuentones, Isabel Pantoja y Julián Muñoz, encandilaron y abochornaron a partidarios y detractores dándose un lotazo de órdago como adolescentes en celo arrellanados en un coche de caballos en El Rocío. Olé nosotros, que se mueran los feos –y los pobres–, parecían pregonar la exviuda de España y el exalcalde de Marbella, la Pantoja y Cachuli para el mundo, fundiéndose quizá los fondos públicos que esquilmaban a serones. Hoy, cada uno pena sus respectivos delitos en la trena como delincuentes convictos, que no confesos. Apestados sociales. Proscritos hasta de ¡Hola!, el oráculo que daba y quitaba el marchamo de celebridad de pata negra en estos lares.
Isabel, que regateó hasta el final con su señoría el monto de la multa y la fecha de entrada, entró en prisión con las botas camperas puestas, como dijo que haría. Antes tuvo tiempo de enviar una corona de claveles a la Duquesa de todas las duquesas, de cuerpo presente en la catedral de Sevilla. Con ese deceso y ese ingreso acaba una época. El firmamento de la España cañí se apaga. Salvo el Lucero del Alba, con Cayetana- Venus alumbrando desde arriba su leyenda, muchas de sus antes rutilantes luminarias han devenido en enanas marrones o aerolitos caídos.

El Rey ya no es el Rey. Ni la Reina, la Reina. Ni las Infantas, las Infantas. De ahí para abajo, el escalafón de las celebridades más carpetovetónicas del país ha dado un vuelco irreversible en los últimos años. No consta que el tsunami de Podemos haya tenido nada que ver en la debacle, porque, entre otras cosas empezó antes de que Pablo Iglesias saliera en ninguna tele. En la mayoría de los casos, ha sido el tiempo, el infortunio o el propio empeño de los interesados en destrozarse la reputación, el que ha acabado llevándoselos por delante. Corría septiembre de 2004 cuando Rocío Jurado, la más grande intérprete de copla de su época según tirios y troyanos, anunciara que tenía un cáncer de páncreas devorándole las entrañas en el jardín de su casa de La Moraleja. Su muerte, año y diez meses después, dejó a sus fans huérfanos y a los suyos gravemente desarbolados ante la vida. Hoy, su viudo, el legendario torero Ortega Cano, purga dos años y medio de cárcel por un homicidio imprudente provocado por conducir ebrio, y los problemas de su hermano y de sus hijos constituyen muchas tardes el menú de los programas del corazón más salvajes de la parrilla.
Los toreros tampoco ya no son lo que eran. Hasta bien entrados los 2000, quien no tuviera un abono en Las Ventas o en La Maestranza, o en ambas, que para eso estaba el AVE, no era nadie en según qué círculos. Los toreros eran mitos vivos, y poco menos que héroes nacionales en la consideración de la mayoría. Hoy, recién fallecido José María Manzanares y retirados de los ruedos Jesulín de Ubrique y Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez, muchos diestros en activo se las ven y se las desean para llenar los cosos, están prohibidas las corridas de toros en Cataluña, y muchos presuntos “festejos taurinos”, como el Toro de la Vega, acaban con problemas de orden público entre aficionados y defensores de los animales.
El Rey ya no es el Rey. De ahí para abajo, el escalafón de las celebridades más carpetovetónicas  ha dado un vuelco irreversible
Manolo Escobar, el rey del pasodoble, y Sara Montiel, nuestra primera pica en Hollywood, elegantes hasta el fin, hicieron discretamente mutis por el foro y, con sus exequias, resucitaron brevemente su leyenda en la memoria colectiva de los mismos que les llevábamos ninguneando desde hacía lustros. Hasta monseñor Rouco Varela, eterno arzobispo de Madrid y el prelado español con más poder en los últimos 40 años, tuvo que irse por la puerta pequeña el pasado 14 de octubre en una misa de despedida de perfil bajísimo en la catedral de La Almudena, caído en desgracia ante los nuevos vientos del Papa Francisco. Con lo que a Su Eminencia le hubiera lucido ocupar un sitial de privilegio en el solemne funeral de la Duquesa.
La vida, no obstante, sigue. El pasado viernes a media tarde, la baronesa viuda Carmen Thyssen Bornemisza, Tita Cervera para la hemeroteca de la fama patria, firmaba ejemplares de las memorias de su esposo el barón a las señoronas del barrio de Salamanca de Madrid y a mitómanos de todo pelaje en El Corte Inglés de Goya sin que se le cayeran los pedruscos de los anillos. A ella nunca le importó arremangarse y ponerse manos a la obra. De hecho, las ha dictado, editado, y supervisado ella hasta la última coma, con la “inestimable ayuda” de José Antonio Olivar, director adjunto de ¡Hola! Sería interesante si Olivar, testigo privilegiado del quién es quién patrio, piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo que parece claro es que películas como La escopeta nacional y Todos a la cárcel son un prodigio de sofisticación, exquisitez y elegancia al lado de la insoportable vulgaridad de la correa de transmisión de Gürtel, el mangoneo de Nóos, los papeles de Bárcenas, las tarjetas negras de Bankia, los latrocinios de los Pujol, las cacerías de Los Púnicos y los tejemanejes de, al cierre de esta edición, el último futuro preso y político, Carlos Fabra. ¡Vuelve, Berlanga!

domingo, 23 de novembro de 2014

POBRE PAÍS











A decadência do regime e das suas ditas "elites" mal começou.
Sem um estado de direito e governos credíveis, com a desagregação social em curso, com a economia à beira da agonia, com o roubo e corrupção à solta de forma descarada perpretada por políticos oportunistas sem carreira, gestores publicos, banqueiros, altos e baixos funcionários da administração pública, e com a passividade deste povo que não se indigna nem expressa a sua revolta nas urnas e/ou na rua, fazer o quê?
Esperar de braços cruzados por um regime forte e autocrático, para não dizer ditadura, personificado em mais um sebastiânico "homem previdente", que eventualmente poderá conduzir este desgraçado país a uma solução de submissão nacional ou internacional autoritária "não revogável" ????? ...... pobre pais.

João Saltão

A DESVERGONHA DOS ELEITOS QUE SE FAZEM "ELITES" OU AS SUBVENÇÕES VITALÍCIAS





















De manhã nunca havia nada que fazer - nem de resto à tarde ou à noite. Os senhores deputados estavam nas comissões, onde também não se discutia ou decidia coisa nenhuma. Mas normalmente o dia começava com o almoço, num restaurante qualquer, de preferência perto, porque nessa altura os da Assembleia da República (um para gente pobre, outro para gente rica) eram os dois tão maus, que só a esquerda e os pais de família os suportavam.

Quando se voltava, era costume, para quem sabia ler, passar por um quiosque ao lado da porta do chamado hemiciclo e comprar um grosso molho de jornais para passar o tempo. Lá dentro, havia sempre um fila de advogados nervosos que queriam assinar depressa o “livro de presenças”, que garantia à Pátria a sua assiduidade, para depois de escapulirem para o seu autêntico trabalho.

Durante a sessão falavam algumas criaturas, por ordem da direcção do grupo parlamentar. Ninguém percebia do que se tratava, porque ninguém estava informado nem da política do partido, nem dos propósitos dos notáveis que nos pastoreavam. As tropas, quando acabavam os jornais, iam passear para o corredor ou visitar amigos das bancadas da oposição, o que envolvia invariavelmente grandes festejos. Entretanto, chegavam as cinco horas e no nosso lugar já se tinham acumulado alguns papéis sem justificação do seu fim ou indicação da sua origem. Um funcionário do partido vinha dizer aos representantes do povo como deviam votar ou não votar. A páginas tantas, veio mesmo um com um novo processo. Trazia uns papelinhos de cor que agrafava aos documentos que deviam fazer a felicidade da Pátria: encarnado significava não, verde sim e amarelo esperar. Assim se poupavam explicações ao rebanho.

Na secretaria, os senhores deputados cumpriam zelosamente as formalidade de um funcionário público, que no fundo eram. Só na justificação das faltas se lhes reconhecia um privilégio: podiam indicar sem pormenores que a sua ausência, longa que fosse, se devia a “trabalho político”. Muitos defensores da Pátria usavam alegremente esta desculpa. Excepto às sextas-feiras (ou às quintas, não me lembro bem), quando se despachava a votação da semana a toque de caixa, para libertar os deputados da província que suspiravam de amor pela sua família. Um esforço destes, devemos reconhecer, merece a gratidão do país. Admito que não aguentei aquele deprimente sítio, mais de três meses. Mas quem ficou merece com certeza uma enorme medalha e uma subvenção vitalícia.


Por VPV ontem n Público.
Sublinhados meus
JS